Hoy se inaugura el Pabellón Italia en la Bienal de Arquitectura de Venecia, y PUTIA art gallery tiene algo que ver. Quienes nos quieren (y nos siguen) recordarán bien la loca y encantadora aventura del «Scribblitti Grand Tour» a finales del año pasado, que llevó por toda Sicilia la actuación «Scribblitti», de Emanuele Sferruzza Mozscovichz, conocido artísticamente como Hu-Be.
El broche de oro y desenlace inesperado de la gira, perfectamente centrada en los objetivos compartidos, es la grandiosa adaptación surgida del encuentro con el equipo de Arcipelago Italia, liderado por Mario Cucinella, comisario del Pabellón Italia de la Bienal de Venecia 2018. Y así, Scribblitti se convierte en el happening ideal para celebrar la apertura extraordinaria del eso-teatro de Pietro Consagra, no solo por la actuación, que podrá disfrutarse precisamente con motivo del cincuentenario de aquella noche funesta para el Belice, sino sobre todo por su fase necesaria, basada en la escucha, matriz de toda obra.
En Venecia, el equipo de Mario Cucinella, gracias al trabajo del estudio AM3, presenta el proyecto para reutilizar el teatro -una obra que quedó inacabada y posteriormente fue totalmente abandonada- como una pieza clave para repensar toda la ciudad y, por extensión, el archipiélago del país, incluido el Belice.
Estas son las palabras del arquitecto:
«Al dejar una obra sin terminar, se deja una gran herida. Pero también se puede ver un potencial extraordinario en un edificio que expresa el espíritu valiente de aquellos años. Se podría devolver a la vida como espacio público. Llevaremos esta visión a la Bienal para contar las dos caras de nuestro país: el valor de emprender una reconstrucción a través del arte y de los artistas y, por otro lado, la falta de fuerza para terminarla. Valor e innovación, y por otro lado, la incapacidad de acabarla».
Por primera vez, y durante una sola jornada, se abrió al público el Teatro de Consagra, que aquel 14 de enero se convirtió en un espacio de encuentro, participación colectiva y escucha. Estos fueron los mismos principios que animaron la investigación de Hu-Be, que durante aproximadamente una semana se reunió con los habitantes de Gibellina, los entrevistó y recopiló sus historias, que finalmente confluyeron en la obra realizada. La importancia de la iniciativa llevada a cabo en Gibellina reside no solo en favorecer la conservación de la memoria histórica –y, a partir de ahí, llegar a ser conscientes de una identidad fuerte, precisa y sólida, capaz de mirar al futuro–, sino también y, sobre todo, en recoger y revelar la presencia de tantas fuerzas que operan en el territorio, animadas por la convicción de que se puede hacer mucho, porque los verdaderos recursos son las personas que conforman un territorio.

Y esa experiencia, ese encuentro, esos encuentros y también esa comunión de intenciones llegaron a la Bienal. En un pabellón que «manda al carajo» a los arquitectos estrella: los invita a centrarse precisamente en los pueblos, en los pequeños núcleos urbanos, y critica implícitamente la hiperurbanización de las ciudades en detrimento de la vida de los territorios y de sus infinitas riquezas.
Es nuestro mismo desafío.

